sábado, 24 de diciembre de 2016

Ejército del Sur

Jorge Gutiérrez Martínez


El panteón queda solo desde las diez de la noche. La puerta se cierra con candado. Los muertos y sus historias quedan bajo el resguardo de la oscuridad. Nadie se atreve a visitarlo.
Durante el último año se ha escuchado el ruido de los cascos de los caballos de todo un ejército que cruza el cementerio. La gente cree que es el diablo y sus huestes arrastrando almas impías al infierno.
El doctor Carmona dice que el estruendo que surge del vientre del panteón se explica por la actividad del volcán que hace que truene el subsuelo. El maestro Enríquez, que se trata de las extracciones ilegales de la minera gringa que trabaja noche y día.
Aguijoneado por el miedo decidí buscar la verdad. Escapé de casa en la madrugada y me aposté entre las ramas de un árbol que me permitía ver por encima de la barda del camposanto.
Mi estado de vigilia comenzó a agrietarse. El sueño me acercó al mundo de los muertos. A lo lejos escuche venir a los caballos con un trote que crecía y crecía en intensidad. Una polvareda luminosa avanzaba entre las tumbas.
Entonces vi la verdad. Ni diablos ni calaveras. Era el general Emiliano Zapata; con los ojos tristes, pero inyectados de furia; seguido de su Ejército del Sur. Todos montaban caballos blancos, llevaban puestos sus trajes de charro negros con el sombrero descansando en sus espaldas. Avanzaban a gran velocidad y cuando estaban a punto de chocar con la pared se desvanecían.


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