miércoles, 28 de diciembre de 2016

La cierva y la leona

Harold Kremer


Lo ideal sería que la leona antes de atacar y devorar al pequeño ciervo, hablara con la madre del animalito y le dijera los motivos del crimen. Quizá la cierva la invitaría entonces a un trago porque tendría mucho de qué hablar sobre ese tema, pues ya ha perdido cinco ciervitos en las garras de leones, leopardos y otros depredadores. Pensaría la cierva: “Al fin y al cabo las dos somos madres, y hablaríamos de sentimientos y esas cosas”. Y sucedió que la leona le aceptó el trago y se fueron a la taberna y ustedes saben que una copa de licor siempre trae otra y helas allí bebiendo toda la tarde de ese sábado. La cierva llorando por los hijos perdidos y la leona consolándola, pidiendo servilletas para limpiar las lágrimas de la madre. Y a la cierva se le ocurrió una idea genial: pidió dos ensaladas, con bastante pasto, aderezada con hojas tiernas y sazonada con perejil y cilantro. “Pruebe usted, señora leona”, dijo, “es deliciosa”. La leona hizo un gesto de desagrado e iba a pedir una porción de carne, pero por consideración decidió comer la ensalada. Y helas allí bebiendo y comiendo, secreteándose sobre amores y riendo y gozando. La leona dijo que la ensalada de verdad estaba buena y que iba a llevar varias para que la probaran las otras leonas, los dos leones y los leoncitos que estaban esperándola para comer. Y a la cierva se le hizo un nudo en la garganta, un nudo de felicidad que tuvo que deshacer con otro vaso de whisky, y las dos entendieron en esa noche de luna llena que era posible, por fin, convivir en paz, y se abrazaron y sellaron un pacto de no agresión y para celebrar pidieron otro trago y otro, hasta que la cierva, borracha, cayó sobre la mesa.
¿Y era ético para la leona dejar a su nueva amiga allí, con las amenazas y peligros de hoy en día? “No, señor”, se dijo a sí misma, y se cargó a la cierva para llevarla hasta el pastizal. Y se fueron por ese camino, tambaleándose, cantando “Pueblito viejo” y otras canciones. Y la gente animal (jirafas, cocodrilos, cebras y otros) se maravillaban al ver semejante escena. Se le ocurrió a la leona, en último momento, presentar su nueva amiga a la manada. “¿Por qué no?”, se preguntó, “si hasta comadres vamos a ser”.
Y cargó a su amiga hasta la casa donde leones, leonas y leoncitos devoraron a la cierva mientras alababan el buen sabor de la carne curtida en alcohol.


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