jueves, 29 de diciembre de 2016

Proteo

Jorge Dávila Vásquez


Su virtud era cambiar de forma. Los antiguos lo vieron convertido en animal, vegetal y mineral: árbol frondoso, león feroz, agua inasible. Dicen que en alguna de sus tantas transformaciones, perdió el camino de regreso a su figura original de anciano del mar. Nadie sabe bajo qué aspecto vaga hoy por el mundo de lo imaginario.


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