lunes, 9 de enero de 2017

Despedida

Alberto Esquivel


Amigo Mío, usted me cae bien porque es inteligente, presta atención, no le da miedo mi palabra como a unos políticos que ahora estaban celebrando en un bar el triunfo en las elecciones y hablaban del pueblo por aquí y el pueblo por allá y apenas me les acerqué les parecí feo, les olí maluco, se sintieron amenazados y ordenaron sacarme. Yo hablo veinte idiomas desde el italiano al japonés, puedo dictar cualquier conferencia porque soy creativo, ilustrado, espiritual, divertido, detallista, excelente profesor, fluido de palabra y entendido en el amor. Le puedo recitar la mayoría de los poemas que se han escrito sobre la tierra, hablar de casi todas las películas que se han filmado, recordarle canciones y hacerlo vibrar con los pasajes de algunos dramas que han conmovido la sensibilidad humana. Soy bueno para dibujar una tormenta en un arrecife y gritar dentro del agua, arrancar melodías de antiguos instrumentos y sembrar una que otra flor. Soy un alma empecinada en cuestionar el orden establecido, le puedo quebrar una ley, violar una prohibición, los imposibles para mí no existen. Le resuelvo ecuaciones matemáticas, las soluciones en química las inventé yo, ayudé a Einstein a desarrollar sus teorías, pero, Amigo Mío, me tengo que despedir, sólo necesito que me regale mil pesitos para comprar un café con pan.


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