miércoles, 11 de enero de 2017

Escena de un spaguetti western circus

Antonio José Sequera


Alrededor de una hoguera, un grupo de cowboys comenta la jornada del día. La brisa trae ese aroma estival de las reses que tanto gusta a los coyotes. Alguien propone jugar a las cartas y un mazo de éstas surge de una alforja.
Tras varias partidas, uno de los cowboys se levanta indignado y señalando con el dedo, como el tío Sam, a otro de los presentes, le increpa con desprecio:
–¡Eres un tramposo: te vi sacar ese as de la manga!
–¡No –respondió el increpado–: ningún tramposo. Soy prestidigitador!
–¡Peor! –rugió el otro, extrayendo del cinto su colt.
Una detonación despertó al ganado de sus quimeras alpinas. Un alarido espantó a las lechuzas y puso en guardia a las cascabeles. Un as de corazones se precipitó a las brasas, causando un chisporroteante estampida escarlata.
–¿Cómo saldremos de este cadáver? –quiso saber uno de los testigos.
–No hay problema, yo me encargo de eso –largó el prestidigitador. Y con un pase mágico envió el cuerpo, aún tibio, a reunirse con conejos, pañuelos y flores, en el limbo de los magos.


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