jueves, 23 de febrero de 2017

El sacrificio

Enrique Ánderson Imbert


Guillermo está en peligro mortal: lo han atado de pies y manos contra un árbol y una serpiente cascabel va a clavarle los colmillos. De súbito se aparece Benito y se dispone a salvarlo: para salvarlo, debe morir.
Guillermo, noblemente, dice:
–No puedo consentir semejante sacrificio.
–Como quieras –contesta Benito retrocediendo–. A mí me da lo mismo. Después de todo, eres tú, no yo, quien está soñando.


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