domingo, 26 de febrero de 2017

La comunión

Amparo Agudelo


Matías estaba feliz porque iba a celebrar su primera comunión. La noche anterior pasó la mayor parte del tiempo en vela, pensando en la hostia y en cómo era posible que un cuerpo tan grande como el de Cristo cupiera en ella.
Amaneció. Con rapidez y con torpeza se duchó y se vistió. Llegó a la iglesia del brazo de sus papás. No podía concentrarse en la santa misa, él sólo esperaba el momento de tan anhelada comunión.
Hizo la fila. “Este es el cuerpo de Cristo”, dijo el cura. Tomó la hostia, y al comerla Cristo se hizo carne. Era tan grande que Matías se atragantó, se asfixió y murió.
Debió ascender al cielo, porque en su interior llevaba el cuerpo de Cristo.


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