viernes, 10 de marzo de 2017

Carta con un sueño

Harold Kremer


Querida Olga:
Sé que te extrañará esta carta y todo lo que te voy a contar. Sé que llevo quince años contigo, que eres buena mujer, que te quiero, que… vivimos momentos buenos y malos y que nunca hemos estado mejor. Tenemos un buen apartamento, yo tengo trabajo, los niños son una maravilla y entre tú y yo todo es armonía.
Pero hoy me senté en la terraza a contemplar el atardecer. Bebía de mi cerveza y sonreía del espectáculo. El roble de la avenida se veía imponente, el parque bullía de niños, los cometas se hinchaban en el aire y los pájaros buscaban los nidos entre los árboles.
De pronto todo eso me disparó una imagen que nunca te conté: de niño soñaba con ser un cometa o un pájaro. No te lo conté porque es algo ridículo: los niños siempre quieren ser astronautas, bomberos o policías. Yo quería volar, pero no dentro de un avión o como astronauta. No. Yo mismo quería ser el pájaro o el cometa. Y en ese instante empezaron a pasar las golondrinas. Millares y millares. Algo me impulsó a la azotea y allí supe que podía ir tras ellas. Bajé rápido a escribirte esta carta. Allá veo venir otra bandada. Me iré con ellas y creo que no volveré. Te quiero y besos a los niños.
Pedro

PD: Si nada de esto funciona por favor dile a los niños que resbalé de la azotea.


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