miércoles, 15 de marzo de 2017

El prestidigitador

María Laina


Al comienzo, nos mostró la cabeza del ángel. Luego el cuerpo de paño de una muñeca de preguerra, y luego los zapatos del soldado desconocido. Nosotros reíamos fuertemente, comiendo unos caramelos baratos. Otros comían copos de azúcar. De repente alguien gritó: “Las palomas, míster…” Él sacó de su bolsillo un puñado de plumas negras y las arrojó por el aire. Trague los fuegos, míster”. Él permaneció inmóvil con los brazos colgando. “Los fuegos…”, gritaron de nuevo. Encendió tranquilamente un cigarrillo, nos dio la espalda y se desvaneció ante nuestros ojos.


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