martes, 21 de marzo de 2017

La Fama

Enrique Anderson Imbert


El poeta la vio pasar, aprisa; y aprisa corrió tras ella y se quejó:
–¿Y nada para mí? A tantos poetas que valen menos ya los has distinguido: ¿y a mí cuándo?
La Fama, sin detenerse, miró al poeta por encima del hombro y contestó sonriéndole mientras apresuraba la carrera:
–Exactamente dentro de dos años, a las cinco de la tarde, en la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras, un joven periodista abrirá el primer libro que publicaste y empezará a tomar notas para un estudio consagratorio. Te prometo que allí estaré.
–¡Ah, te lo agradezco mucho!
–Agradécemelo ahora, porque dentro de dos años ya no tendrás voz.


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