viernes, 3 de marzo de 2017

Suplicio

Carlos Alberto Agudelo Arcila


“Los dos debemos morir a la vez”, le dijo él a ella. “Recuerda que fue nuestro sagrado compromiso ayudarnos el uno al otro, el otro al uno”, le dijo él a ella.
“Sí, pero yo amo a otro, y mi compromiso ahora es con él”, le dijo ella a él, “y tú debes morir solo, sin embargo por fidelidad a cuanto nos dijimos, mi deber es ayudarte”.
El ingenuo hombre la escuchó sorprendido, mientras ella tranquila fue hasta la gaveta del nochero, sacó el revólver, lo miró y con un poco de compasión apuntó bien. Ambos sonrieron.


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