viernes, 17 de marzo de 2017

Una pasión en el desierto

José de la Colina


El extenuado y sediento viajero perdido en el desierto vio que la hermosa mujer del oasis venía hacia él cargando un ánfora en la que el agua danzaba al ritmo de las caderas.
–¡Por Alá –gritó–, dime que esto no es un espejismo!
–No –respondió la mujer, sonriendo–. El espejismo eres tú.
Y en un parpadeo de la mujer el hombre desapareció.


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