miércoles, 26 de abril de 2017

Crick-crack: sonidos de la madera

Asmara Gay


Son las doce. Ha vuelto. Camina despacio. Cruza la sala, el comedor, el cuarto. Parece que tiene pies. Sus pasos, breves, se escuchan por toda la casa. El crujir de la madera cede a su peso. Aquí está con su crick-crack, su crick-crack de todas las noches. Ese crick-crack por el que no duermo, el crick-crack que me espera junto a la cama. El crick-crack que no existe. “No existe”, me aseguran, “son los sonidos normales de la madera.” Los sonidos normales me despertaron la primera vez con un ser anormal encima de mí. Habrá sido un sueño, como dicen, aunque pesaba, y la mirada loca y la risa frenética. “…sonidos normales de la madera…” El sonido normal de la madera, ese crick-crack por el que no duermo, ya está aquí, viene siempre, todas las noches, a verme y se sube, con su inexistencia, sobre mí.


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