lunes, 3 de abril de 2017

Jugarreta

Nelson Osorio Marín


Estiré la mano y lo toqué. Sobresaltado encendí la lámpara y… allí estaba, flotando a unos centímetros del piso, con su título reluciente: Cien años de soledad.
Lentamente me acerqué y cuando creí que eran el momento y la distancia apropiados me descargué sobre él. Inútil. Permaneció suspendido en el aire. Al cabo de cierto tiempo –y sin que mediara mi intervención– se posó en el piso. Lo palpé y lo releí renglón por renglón, cuidadosamente. Todo igual, excepto algo: no estaba Remedios la Bella.


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