martes, 4 de abril de 2017

Otro árbol

Humberto Senegal


–Papá, quiero ser estatua cuando esté grande –dijo el niño a su padre, señalando en el parque el alto monumento del prócer.
–¿Para qué? –preguntó este, sin tomar en serio la inquietud del niño.
–Quiero que se me llenen de aves la cabeza y los brazos.
Sobre la estatua había varias palomas.
Una semana más tarde, el hombre condujo a su hijo hasta el bosque y lo acercó, en su silla de ruedas, al más frondoso de los árboles, una ceiba bicentenaria habitada por decenas de aves.
–¿No te gustaría, mejor, ser un árbol?
–¿Puedo, papá?
–¡Claro que puedes, hijo!
El hombre regresó a la ciudad con la silla de ruedas vacía.


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