viernes, 7 de abril de 2017

Parábola de los ateos y los creyentes

Pedro G. Jara


Perjurio es un pueblo ubicado en el sur profundo. La mayoría de sus habitantes son ateos, pero una minoría es creyente. El fin de semana los creyentes se diseminan por el pueblo de Perjurio propagando la voz de Dios, distribuyendo revistas, vestidos con sus ternitos grises, muy bien peinados y la Biblia entre sus manos. Tocan puertas pero los ateos, de mal talante, les dan con la puerta en las narices, los increpan y les echan los perros.
Cierto atardecer de abril, los perjurienses descubrieron con asombro una frase de nubes escrita en el cielo: “¡Ateos! … ¿Por qué no creen en mi modelo?”
Los ateos, arrepentidos, corrieron tras los pastores para salvarse, pero éstos, de mal talante, les daban con las puertas en las narices, los increpaban y les echaban los perros.


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