domingo, 23 de abril de 2017

Pintando paredes

Juan Carlos Botero


La prensa concluyó que el joven sufría de trastornos mentales, pero quienes lo conocieron afirmaron que las causas habían sido otras. Una mañana, el muchacho de 23 años despertó a su prometida y le explicó que le había mentido con respecto al dinero. No era verdad que se podían casar, ni que algún día iban a pintar las paredes de aquel pequeño apartamento y que, más aún, ni siquiera tenía lo suficiente para costear su propio entierro. Por ello, para costearlo, ella debía vender el revólver de su propiedad, el que tenía guardado en la mesa de noche. En el entresueño, la muchacha supuso que era una broma. Segundos después, el joven se sentó en el borde de la cama, extrajo el revólver de la mesita, y se voló la tapa del cráneo, dejando la habitación pintada con sus sesos.


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