lunes, 8 de mayo de 2017

El alquimista

Armando Gutiérrez Méndez


Luego de ahorcar al médico Basilio Valentín, la impetuosa turba saqueó su casa y sólo encontró, oculta en el sótano y cubierta de polvo y telarañas, una ampolla de vidrio en forma de cráneo, herméticamente cerrada y llena de un líquido cerúleo, en cuyo fondo arenoso reposaban los huesos desarticulados de un diminuto esqueleto humano. Pero nunca, ni aún después de escudriñar los muros y los cimientos, hallaron el oro.


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