miércoles, 31 de mayo de 2017

El otro

Manuel Díaz Martínez


Me pidió permiso para sentarse a mi mesa y se sentó. Un surco ennegrecido le cruzaba la garganta. No pude evitar el calosfrío.
–¿Le llama la atención mi cicatriz? –preguntó el joven.
–¡Ah, no! –fue mi hipócrita respuesta.
–Es una desgracia que aún me tortura. Al final de la guerra me hicieron prisionero y un oficial me sableó. Me dieron por muerto, me abandonaron.
–¿Al final de qué guerra?
–De la guerra contra España.
–¿Cómo?
–De la guerra contra España.
Llamé al camarero. Le pedí la cuenta y agregué:
–Mire a ver qué desea tomar el señor.
–¿Qué señor? –masculló el camarero.


No hay comentarios:

Publicar un comentario