domingo, 28 de mayo de 2017

Horca

Loscar Neztímar


El verdugo ajustó la soga alrededor de mi cuello, se dirigió a la palanca que abriría el piso bajo mis pies para acabar con mi vida y tiró de ella.
Sólo alcancé a pensar una cosa antes de que se me rompiera el cuello: “Estaré pendiente”.


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