lunes, 22 de mayo de 2017

Mensaje en una cajetilla

Paola Tena


La cajetilla de cigarros que me vendió Lucila no es como las otras. Cuando la abrí, encontré dentro un papelito blanco escrito a mano: “Buscando amor. Calle del Agua 5”. Por la noche me dirigí a esa calle, entré por la puerta sin pestillo y a tientas en la oscuridad de la casa desconocida, busqué la habitación y luego su cuerpo tibio. Le hice el amor dulce, suavemente, y me marché antes de que amaneciera. La siguiente cajetilla que compré también era distinta. “Ajuste de cuentas. Bar El Gladiolo”. A mediodía, cuando Justino limpiaba la máquina de café y se giró para decirme grosero que el bar todavía no estaba abierto, no se esperaba recibir por respuesta un disparo en medio de la frente. Y otra cajetilla más: “Hijo muerto en el frente. Ancianato Luz del Ocaso”. Pasé toda la mañana leyendo historias en voz alta para doña Estrella, una hermosa anciana de trenzas largas que me llamaba “mi niño José”, mientras me acariciaba la mano entre las brumas del Alzheimer. Hoy no había cajetilla para mí en el kiosco de Lucila, pero sí una llamada a mi puerta. Antes de abrir, me pregunto quién compró mi cajetilla esta mañana.


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