jueves, 25 de mayo de 2017

Posesión

Mario Calderón


Malaquías era un campesino alto y enjuto que en los días de invierno tomaba el sol con otros hombres sentado en una banca de la plaza del pueblo. Malhumorado y neurótico, pasaba sus mañanas criticando ácidamente a los transeúntes por cualquier motivo. Por su crueldad, algunas personas le apodaban Caín y los niños atrevidos le gritaban “malascrías”.
Su actitud era ya muy notable entre la gente, tanto, que las lenguas comenzaron a rumorar que estaba poseído por malos espíritus porque además, su mujer, doña Secundina, contaba que Malaquías rechinaba los dientes y sacaba espuma por la boca todas las noches.
Comía demasiado y su cuerpo continuaba magro.
Ella preocupada le mezclaba agua bendita en sus alimentos, pero Malaquías cada vez se observaba con mayor intolerancia y enojo. Su semblante palideció al grado de parecer transparente.
Secundina lo acompañó entonces al centro de salud para que pidiera vitaminas. El médico mandó primero que le realizaran análisis de orina y excremento.
La segunda vez que acudió a la cita médica, se le ordenó que tomara Flagyl, una medicina compuesta con hierbas amargas debido a que el resultado de los análisis diagnosticaba que Malaquías estaba invadido por parásitos, bichos en sus entrañas.


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