jueves, 15 de junio de 2017

Señal de los tiempos

Joao Anzanello Carrascosa


La pareja se detuvo en mitad del camino para descansar. Estaban los dos cansados de tanto huir. Se cobijaron en un establo, al costado de la carretera, y enseguida la mujer sintió las primeras señales. Había sido una parada providencial, el momento y el lugar adecuados para que naciera el niño. Nadie sospecharía de un establo en medio de una carretera desierta.
En esa noche, bajo la luz sin pausa de una estrella, la mujer sufrió intensamente los dolores del parto. La madrugada ya estaba alta cuando, entre sus gemidos sordos, se distinguió un extraño vagido.
Miraron al niño, atónitos. Pero se cuidaron de no caer en el mismo error del pasado. Aprovecharon restos de madera que por allí había y separaron dos trozos, preparando el ritual. Fueron rápidos. El marido, carpintero, tenía mucha práctica.
Allí mismo crucificaron al niño. Luego juntaron los animales y siguieron viaje.


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