lunes, 10 de julio de 2017

De la perfección

Rodolfo Luna


Esculpió Pigmalión la figura de una mujer, tal fue su arte que ningún defecto empañaba la obra. Extasiado por la brevedad de aquella cintura, las curvas ceñidas de los muslos, la firmeza de los pechos, la gracia del pelo cuya caída eternizaba el marfil, contempló, en fin, la perfección y no pudo sino enamorarse. Llegadas las fiestas de la diosa suplicó a Venus convirtiera su artificial doncella en una verdadera persona. En ese momento los rizos de la escultura perdieron su rigidez y el viento les hizo flotar despeinados, muy despeinados


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