Alberto Ramos
–¡He
creado un monstruo! –exclamó el doctor Frankenstein, ufano. Había jugado a ser
Dios y había ganado.
La alegría le duró hasta la mañana
siguiente, cuando leyó la crítica:
“Se le ven las costuras”.
(Tomado
de www.enfrascopequeno.blogspot.com)
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