Felipe Garrido
Soñó la agonía que
siempre había soñado. Estar desnudo y solo. En la orilla del mar. Morir de día.
Cubierto por la sombra de las olas. Hundirse bajo el vacío de un cielo sin
tacha.
Abrió los ojos y vio al médico que regulaba el
goteo en la botella de suero. La mancha opaca de la lámpara. Una sombra
proyectada en el techo por alguien que estaba de pie al lado de la cabecera.
Escuchó una risa en el pasillo o detrás de algún muro.
Dejarse arrastrar por el viento, como la arena
seca. Sentir el peso de una mirada antigua. Aguzar en la memoria una imagen
final. Abrir la boca para morder un tumbo de sal.
Debajo de la lengua sintió un resabio metálico.
Con un tirón de la cabeza se arrancó una de las sondas que le entraban por la
nariz. Empleó lo último de sus fuerzas en volverse hacia la pared.
(Tomado de www.ficticia.com)
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