jueves, 16 de julio de 2026

Etiopatogenia

Úrsula Fuentesberain

 

1

Doctor, fueron ellas las que me hicieron perder el juicio, perderlas a ellas. Ni siquiera sabía que estaba siendo enjuiciado. Y perdí. Yo era un hombre cuerdo, sabe, estuve completo alguna vez. Ahora me desmantelo poco a poco. Un hombre con una barba y una bata como las suyas me las quitó. Usó el bisturí de Parker. Abrió, fracturó, extrajo, hizo sangrar. Recuerdo que había una ballena en mi boca, se había auto-playado, estaba seca, el hombre de la bata la tenía metal-prensada, finalmente la humedeció, la soltó y la dejó perderse. Así he perdido todo lo demás. Los golpes del martillo sobre el escoplo fueron exactos y las perdí para siempre. Ellas se llevaron mi cordura.

 

2

Déjeme asomarme una última vez por la ventana, doctor. Estoy seguro de que el páncreas se me cayó en el camino. Está tirado en la calle, alguien lo va a pisar, un perro está a punto de comérselo. Subestimamos nuestra cohesión, doctor. Lo único que me mantiene sólido es mi piel, esa membrana tan frágil. Siento que la tapa de mi cabeza quiere salir volando. El cielo es un precipicio, doctor. Constantemente estoy a punto de caerme en él. Tengo que llenarme los bolsillos con piedras, tengo que pararme de cabeza, recogerme bajo un umbral para que no pase sobre mí una mujer con zapatos altos y me perfore. ¿Y si mientras duermo una corriente de viento me desintegra y me saca en pedazos por la ventana y ya nunca más puedo reunirme?

 

3

No, ese no es mi brazo derecho. Eso es una serpiente muerta. Esa tampoco es mi pierna derecha. ¿Que de quién es? Posiblemente del paciente del cuarto contiguo. ¿La mía? Usted la ha escondido, doctor. ¿La guarda en ese cajón?

 

4

Sí, siempre fui un niño muy limpio. Mi madre me hacía enemas desde los cinco años. Limpio hasta por dentro. Eso no tiene nada que ver con que no quiera defecar. Esa es una historia completamente distinta. ¿Quién me garantiza que no habrá de introducírseme un pollo muerto mientras lo hago?

 

5

El vértigo no mejora, doctor. Me sorprende en un quinto piso y no hay cómo convencer a ninguno de los cinco que bajemos.

 

6

Doctor, ya se lo he explicado antes: no soy yo el que siente mi cuerpo, es él que se siente a sí mismo y me lo comunica.

 

7

Esto no es una consulta, doctor. Es mi misa fúnebre. Y mi cuerpo no está presente.

 

8

¿Qué es lo que apunta en su libreta? ¿Y qué dice mi historial clínico de mí? ¿Cree que no lo sé? ¿Aurelio Agustín, 38 años, psicosis, paranoia, aloestesia, agnosia de la imagen corporal? Doctor, creo que yo era un hombre soluble y ya me he disuelto por completo en ellas, en mis enfermedades.

 

9

Yo aprendí griego en la escuela. Sé lo que intenta hacer, doctor. Busca la causa de mis padecimientos. Tiene que definir el momento preciso de su gestación. Pero ya le dije que todo empezó con mis muelas. Ellas eran la punta de la hebra y el hombre de la barba-bata blanca las jaló. Hasta desmadejarme. Ahora soy puro estambre informe. Y nadie puede tejerme. Ni usted.

 

10

Si las tuviera conmigo, a mis muelas, las montaría en oro y las colgaría a mi cuello. La prueba de que he perdido el juicio. No, doctor. Nadie vendría por ellas, no sea tonto. Los ratones ya no existen en este lugar. Se fueron en el último tren que pasó por aquí, aullando.

 

(Tomado de Varios autores, Lados B. Narrativa de alto riesgo, Nitro/Press, Cdmx, 2014)