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domingo, 3 de noviembre de 2024

Nunca más

Carmen Martínez Téllez

 

Esa última vez, una despedida con rabia, yo deseaba, a horcajadas, sentirte profundamente y prolongué cada embestida, para que quedara impresa en tus sentidos; yo necesitaba que me tocaras, que besaras mis senos, que me llevaras al placer multiorgásmico. Y te sentí, muy dentro, percibí cómo tu líquido seminal inundaba mi cavidad y cuando gritaste y te estremeciste, me llevaste al máximo placer. Ya vencidos, quebrantados sobre la cama, te vi y supe que nunca más.

 

jueves, 31 de octubre de 2024

Adivinanza

Carmen Martínez Téllez

 

En mi juventud estabas oculto, nunca asomabas; el tiempo pasó y fuiste el que creció cuando dos veces nido cobijaste a mis tesoros. Años más tarde, fuiste abierto para extirpar el mal, de ahí la cicatriz que te atraviesa.

En mi vejez, te exhibes y me siento avergonzada con tu desfachatada prominencia. Te pido, te suplico que vuelvas a tus antiguas costumbres y recuperes la cordura.

 

viernes, 18 de octubre de 2024

Hoy

Carmen Martínez Téllez

 

Hoy volví a escuchar tu voz, ésa que a través del auricular penetraba por mi oído, se posaba suavemente sobre el martillo del tímpano y mandaba su vibración al cerebro, mientras se distribuía por el torrente sanguíneo, depositando en cada órgano, en cada célula, en cada poro de la epidermis, la caricia que erizaba mis vellos.

Sabías muy bien cómo usar el terciopelo que surgía de tus cuerdas vocales para inundarme en deseos; sabías cuál palabra, cuál pausa, cuál intención, cuál tonalidad despertaba en mí diferentes sensaciones.

Hoy volví a escuchar tu voz y me pregunté; ¿en qué momento te olvidé?

 

miércoles, 13 de marzo de 2024

El marido

Carmen Martínez Téllez

 

Ella estaba casada con un señor al que veía por vez primera. Era un hombre muy agradable, bajito de estatura y muy bailador.

Ella sentía cómo le atraía ese hombre, le encantaban sus ojos, su sensualidad, su ritmo, su manera de tratarla y no entendía cómo a sus 70 años, se sentía y veía tan joven. Era como si hubiera viajado treinta años al pasado.

En el momento en el que ese atractivo marido suyo la invitó a bailar, con un gesto que ella entendió, y mientras el trecho entre los dos se acortaba cada vez más, tanto que ella sintió cómo se aceleraba su corazón y se sorprendió jadeando de deseo, entonces, ¡despertó!

 

Penitencia

Carmen Martínez Téllez

 

Me llevas al cielo, de ida y vuelta, me regalas tu simiente y yo la atesoro en el cofre que nunca más abrirás. Despiertas un sinfín de sensaciones que me hacen transitar de la alegría a la tristeza, de la felicidad a la rabia, de la euforia a la depresión. Recuerda que la comunión de nuestros cuerpos se vio invadida por otras sábanas y que estaremos ambos, como penitencia, privados de ella por siempre jamás.

 

sábado, 9 de marzo de 2024

La voz de mis entrañas

Carmen Martínez Téllez

 

Mi ser completo se vierte como río sobre el Universo y mis cuerdas vocales dan vida a la voz de mis entrañas.

Mis ojos, mis oídos, mi olfato, se desconectan cuando empieza el baile en el espacio estelar. Rodeo lentamente la órbita lunar, me desplazo hasta Venus, en donde puedo experimentar todas las piruetas que mis músculos intentan.

Con la melodía de mi viaje interestelar, transito de Mercurio a Marte y de Saturno a Júpiter; una corriente eléctrica se produce en cada uno de mis órganos y cuando llego a los Asteroides, percibo la explosión de millones de estrellas que me anuncian que el centro de la Vía Láctea me absorbió.

 

domingo, 3 de diciembre de 2023

Principio y fin

Carmen Martínez Téllez

 

Hacía frío, había llovido mucho y la humedad calaba. En su hogar, con el calorcito, dormitaba y se sentía bien. De repente, un rayo de sol penetró y sintió la necesidad de salir a disfrutar de lo que el exterior le regalaba.

Lo primero que percibió fue el olor a pasto recién cortado, ese aroma tan fresco que implica brotes de vida. El sol le daba un calor delicioso que lo desamodorraba y le inyectaba energía para avanzar en la aventura del descubrimiento de sensaciones, olores y colores de esa mañana.

Las hojas que caen en el otoño logran que parezca que todo está alfombrado y crujen suavemente con las pisadas de las personas; él no logra con su arrastre, sacar algún sonido; esta alfombra era color bugambilia, del tono que recuerda las faldas de la vestimenta femenina en ciertas partes de este país y en la barda trepaban sus ramas que combinaban los tonos verdes con ese color violáceo.

Desde abajo, se arrastró hacia una mesa de hierro forjado, sobre la que dormía un hermoso gato atigrado que no se inmutó cuando se acercó, así que siguió con los ojos cerrados; en ese momento el pequeño gusano se sintió atraído por las hojas rojas de la nochebuena que estaban surgiendo y prometían generoso número de adornos navideños.

Del otro lado de la barda un alboroto de risas le hizo notar que flotaban, frente a sus ojos, burbujas de jabón de diversos tamaños y la voz de una pequeña criatura que, emocionada, gritaba con cada nueva bomba de color. Era maravilloso cómo provoca alegría el solo oír la voz de un niño, disfrutando del aire libre, el sol y las burbujas de jabón; gritando, emocionado, cada que aparecía como por arte de magia, una nueva esfera húmeda y colorida, que pronto explotaba en el aire.

Nuestro amigo rastrero descubrió un chupamirto, con alas que revoloteaban a una velocidad increíble y que se mantenía suspendido en el aire, mientras con su pico extraía la miel de las flores. Aquí el avecilla tenía muchas de las cuales escoger, había rosas de diversos colores (la más impresionante es la que llaman “luto de Juárez" por su oscuro tono); había un cactus del que salía, muy erguida una flor amarilla con pequeños lunares anaranjados; junto estaba un durazno sin frutos y a un lado, un arbusto que da flores que parecen cepillos redondos y rojos y otros arbustos con flores rojas, amarillas, rosas y mucho, mucho verde.

¡Qué maravilla es el respirar, el poder utilizar nuestros sentidos para el disfrute de la vida!

Él, un ser tan pequeño y tan nuevo en este mundo que está conociendo apenas, se asombró de verme aparecer, a mí, un ave hermosa y rápida; volé y me posé cerca de donde él estaba; se embelesó mirando mi plumaje, sus ojos penetraban todo lo que estaba cerca; yo también lo miré, me intrigaba cómo se movía, me acerqué a él y entonces abrí lentamente mi pico que se convirtió en una inmensa y oscura caverna que se le acercaba y de un solo bocado, lo devoré.