Fredric Brown
Walter B. Jehovah, por cuyo nombre no pido excusas
puesto que realmente fue su nombre, fue un solipsista toda la vida. Un
solipsista, en el caso de que no conozcas la palabra, es alguien que cree que
él es la única cosa que existe realmente, que el resto de la gente y el
universo en general existe sólo en su imaginación, y que si él dejara de
imaginarlos, su existencia acabaría.
Un día Walter B. Jehovah comenzó a
practicar el solipsismo. En una semana su mujer se escapó con otro hombre,
perdió su trabajo como agente marítimo y se rompió la pierna en la persecución
de un gato negro tratando de evitar que se cruzara en su camino.
Decidió, en la cama del hospital, acabar
con todo.
Mirando a través de su ventana, hacia las
estrellas, deseó que no existieran, y no estuvieron allí nunca más. Entonces él
deseó que no existiera ninguna otra persona, y el hospital comenzó a estar
demasiado tranquilo incluso para un hospital. Lo siguiente, el mundo, y se
encontró suspendido en un vacío. Se libró de su cuerpo, y dio el paso final
para tratar de acabar con su propia existencia.
No ocurrió nada.
Extraño, pensó. ¿Puede haber un límite
para el solipsismo?
“Sí”, dijo una voz.
“¿Quién eres?”, preguntó Walter B.
Jehovah.
“Soy el único que creó el universo que
acabas de aniquilar. Y ahora tú has tomado mi lugar”. Hubo un enorme suspiro. “Puedo,
finalmente, acabar con mi existencia, encontrar olvido y dejarte tomar posesión”.
“Pero, ¿cómo puedo dejar de existir? Eso
es lo que estoy intentando hacer”.
“Sí, lo sé”, dijo la voz. “Debes hacerlo
del mismo modo que yo lo hice. Crea un universo. Espera hasta que alguien en él
crea realmente lo que tú creíste e intente dejar de existir. Entonces te podrás
retirar y dejarlo tomar posesión. Adiós”.
Y
la voz se fue.
Walter B. Jehovah estaba solo en el vacío,
y era la única cosa que podía hacer.
Creó el cielo y la tierra.
Tardó siete días.
(Tomado
de www.tallermecontasunahistoriadale.blogspot.com)
No hay comentarios:
Publicar un comentario