Voltaire
Acababa yo de construir
un pabellón en el extremo de mi jardín, y oí a un topo que razonaba con un
abejón:
–Vaya
una obra hermosa –dijo el topo–, tiene que ser un topo muy poderoso el que la
haya construido.
–Te
burlas –dijo el abejón–, ha sido un abejón genial el arquitecto de esta obra.
Desde
ese día he resuelto no discutir nunca.
(Tomado
de www.ciudadseva.com)
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