José María Merino
De soltero ha pasado a solterón y está bien
acostumbrado a dormir solo. Una noche lo despierta la sensación de un contacto
insólito, uno de sus pies ha tropezado con la piel cálida y suave de un pie que
no es suyo. Mantiene su pie pegado al otro y extiende su brazo con cuidado para
buscar el cuerpo que debe de yacer al lado, pero no lo encuentra. Enciende la
luz, separa las ropas de la cama, allí dentro no hay nada. Imagina que ha
soñado, pero pocos días después vuelve a despertarse al sentir de nuevo aquel
tacto de suavidad y calor ajeno, y hasta la forma de una planta que se apoya en
su empeine. Esta vez permanece quieto, aceptando el contacto como una caricia,
antes de volver a quedarse dormido. A partir de entonces, el pequeño pie viene
a buscar el suyo noche tras noche. Durante el día, los compañeros, los amigos,
lo encuentran más animoso, jovial, cambiado. Él espera la llegada de la noche
para encontrar en la oscuridad el tacto de aquel pie en el suyo, con la
impaciencia de un joven enamorado antes de su cita.
(Tomado de www.talesofmytery.blogspot.com)
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