Voltaire
Simón fue a quejarse al
emperador de que un miserable galileo presumía de hacer mayores prodigios que
él. Pedro compareció junto con Simón para ver quién de los dos era superior en
su oficio.
–Dime
lo que estoy pensando –dijo Simón a Pedro.
–Que
me dé el emperador un pan de cebada, y verás si sé lo que guardas en el alma.
Se
le dio el pan. Inmediatamente, Simón hizo aparecer dos grandes dogos que
querían devorarle. Pedro les arrojó el pan y, mientras lo comían, le dijo:
–¡Bien!
¿Sabía o no lo que pensabas? Querías hacerme devorar por tus perros.
(Tomado
de www.ciudadseva.com)
No hay comentarios:
Publicar un comentario