Javier Adúriz
Cuando nací estaba muerto. Me sacaron con
violenta cesárea, babeando un líquido verde y ahogado por el cordón umbilical.
Todavía oigo a la enfermera mientras se quitaba los pirelli de látex: No es un
dios, señora, este coso tiene pitito… aun así, me considero un afortunado de la
vida, aunque me haya trabajado desde entonces una incómoda intimidad barroca,
toda vez que vivir resulta estar muriendo. Pero para salir dignamente de esta
melaza autobiográfica, declaro a la faz de la tierra que uso bufanda, no tanto
por el fresquete matinal, sino atado a aquella noche de origen.
(Tomado
de www.bibliotecaignoria.blogspot.com)
No hay comentarios:
Publicar un comentario