Ryunosuke Akutagawa
Aprovechando la suerte de estar solo en el dormitorio,
colgó el cinturón del enrejado de la ventana e intentó ahorcarse. Pero al tratar
de introducir el cuello en el cinturón, lo asaltó el miedo a la muerte. No temía
el dolor físico que se siente en el instante de morir. Sacó por segunda vez el reloj
de bolsillo y decidió hacer la prueba de medir el suicidio por ahorcamiento. Entonces,
después de una breve agonía, todo se volvió confuso. Si fuera capaz de superar al
menos ese paso, sin duda alcanzaría la muerte. Consultó las agujas del reloj. El
sufrimiento había durado más de un minuto y veinte segundos. Las tinieblas reinaban
más allá de la ventana enrejada. Pero, de repente, la oscuridad fue quebrada por
el canto fogoso de un gallo.
(Tomado
de www.ciudadseva.com)
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