Andrés Caicedo
Y te ibas a ir después de
que Guillermo había vendido todos los objetos de plata que pudo encontrar en
baúles, armarios y demás recovecos familiares. Después de que el tablero de la
clase permanecía empapelado con las letras de tu nombre a dos colores, y los
muchachos nos preguntaban qué quiere decir eso, ¿es el nombre de una hembra?
No,
¿cuál hembra?, respondíamos siempre, es solamente un juego. Te ibas a ir
después de haber protagonizado el simple hecho de conocernos, después de haber
juntado y exprimido nuestros cuerpos por quién sabe cuántas oportunidades y
esperar a que llegara el otro día en el cual repasábamos todo lo anterior como
si nunca hubiéramos estado contigo.
Esa
era la verdad, amor: te olvidábamos. Y en esa verdad estribaba la razón de tu
maravilla: no dejabas nada para recordar, no se podía.
(Tomado de www.tallermecontasunahistoriadale.blogspot.com)
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