miércoles, 18 de febrero de 2026

Sueño de medianoche

Natalia Bustamante

 

Episodio 1: La caja

Silencio. Oscuridad. ¿Qué hace esa extraña chirca dentro de la caja? No es una caja cualquiera que se mueve de un lado a otro. La oscuridad impera dentro de ella. La chica intenta estirar sus pies, pues las rodillas ya le duelen estando curvada. El miedo corroe lentamente en ella.

Hola, ¿me escuchan? –una voz procedente de la caja resalta en la habitación de paredes grisáceas fuera de esa caja. ¿Me escuchan? ¿Alguien puede oírme?

No hay respuestas; sin embargo, está allí siendo arrastrada de alguna manera a… ¿un ascensor? No. Es demasiado pequeño el lugar donde la caja está siendo transportada. La chica intenta estirar sus brazos, pero se pega contra algo duro, dándose cuenta de que las paredes están hechas de metal. Intenta levantarse, pero es inútil.

Intenta no perder el control, recuerda… Se da cuenta de que no tiene historia, que sus recuerdos probablemente han sido borrados. ¿Lo fueron?

Intenta al menos recordar su nombre, pero sin éxito.

Sollozos en la oscuridad.

De pronto, la caja dejó de moverse y la persona dentro de la caja pidió nuevamente ayuda. Nadie respondía. Se durmió de manera incómoda dentro de la caja hasta que una luz cegadora le despertó. Sólo vio una sombra alada que estaba sobre ella. La luz cegadora fue dando paso a colores y nitidez. Poco a poco los colores tomaron fuerza y la chica pudo percatarse de que un gato amarillo alado la sacó de la oscuridad.

–¿Q… Q… Quién eres?

La figura con forma de gato no emitió sonido alguno. Intentó hacerlo hablar una y otra vez, pero no hubo respuesta. “¿Estaré soñando?”. Se culpó a sí misma por intentar hablar con un gato. Lo único que recordaba era que los gatos no hablaban; sin embargo, éste le miraba con unos grandes ojos como platos, impresionado de ver una persona dentro de un objeto de inimaginable valor.

¡Qué gato más raro! ¿De dónde eres? En mi mundo los gatos no tienen alas.

¿Quién dice que soy un gato? Mi nombre es Andamius, Dios de la soledad y el fin.

–¿Q… Q… Quién dijo eso? –preguntó asustada, buscando el lugar del cual provenía la voz.

–Yo, boba –sentenció el gato alado–. ¿Acaso no me ves?

Por más que intentó buscar el origen de las palabras, no lo encontró, a pesar de estar frente a sus narices. El ágil gato, por su parte, abofeteó con sus alas a la chiquilla para que ésta entendiera que era él quien le hablaba, pero sólo recibió un manotazo de la humana.

–¡TEN CUIDADO!

–¿Quién eres?

–Ya te he dicho quién soy. Soy el Dios de la soledad. Sentí voces a través de las paredes del edificio y vine, y ¿qué encontré? Una caja. Una caja con una chiquilla medio ilusa dentro. Hace miles de años no veía un humano. El último se extinguió hace ya cincuenta años.

¿Cómo que los humanos se extinguieron?Los recuerdos comenzaron a volver de a poco y una lágrima recorrió su cara. Recuerdo que antes de encontrarme aquí estaba escapando de unos tipos que me vieron sola. Intenté correr, pero al parecer me alcanzaron. Luego…

Te diré lo que pasó tocó con una pata la frente de la chica y se lo contó: los hombres te dieron una droga experimental que te dejó congelada por siglos.

Aun así, no entiendo… ¿Cómo un gato puede hablar?

El gato alado se convirtió de pronto en un hombre de cabello plateado con alas doradas y, enfadado, dibujó en el aire un arco apuntando hacia la desorientada chica de la caja.

–¡¿Cómo es que la caja designó a una niña tan boba como tú para que fuera la dueña del nuevo imperio?! Llegó la hora de tu juicio para saber si eres digna de obtener el nuevo imperio.

¿Juicio? ¿Nuevo imperio? No de qué hablas. Tampoco sé cómo caí en esta extraña caja.

¡Deja de dar explicaciones sin sentido y prepárate para tu juicio!

Sin más preámbulo ni explicaciones, Andamius comenzó el juicio. La chica se sorprendió y casi dio un alarido al ver frente a ella una luz que la envolvía e invitaba a acercarse para obtener un báculo. “¿Un báculo? ¿Para qué quiero uno? ¿Quizás será para…? Mientras pensaba, Andamius hablaba.

Esta noche en que Marte y Saturno se han alineado con la Tierra, se dará comienzo al inicio, que consiste en probar la valentía, carácter, fuerza y coraje necesarios para el líder del nuevo mundo. Aquí tenemos a Luna Firmamento, la chica que fue escogida por la caja de la soledad y la oscuridad. La primera prueba consiste en superar el temor.

Andamius dibujó en el suelo un círculo que a su vez se convirtió en una espiral que abdujo a Lunaal fin recordó con ayuda del ser alado su nombrea una nueva habitación.

 

Episodio 2: Enfrentando tus temores

Bienvenida, Luna Firmamento, a la habitación del pánico –sentenció duramente Andamius–. Puedes ocupar solamente tu báculo para superar la prueba, claro, si es puedes –una malvada sonrisa se dibujó en su rostro.

–¿Mi báculo? ¿Te refieres a este palito?

¡Qué graciosa! Disfruta mientras puedas. ¡LA PRUEBA HA COMENZADO!

Ante esto, la oscuridad volvió a apoderarse de la habitación. Escuchó el chirriar de unos pequeños ratoncillos. La oscuridad le daba miedo, le recordaba esos instantes o tal vez días o meses, ¿quién sabe?, de terror dentro de esa caja. Valiente y decidida comenzó a idear un plan.

–Se supone que este palito debe hacer algo para liberarme de este infierno –se dijo tomando firmemente el báculo. Sin saber cómo, el instrumento en su poder comenzó a dibujar un círculo de luz mientras por inercia recitaba unas palabras–: la luz de mi interior, ilumina esta habitación. Por medio de mi báculo, la luz se expande hasta el exterior. ¡LUZ, VEN!

Por arte de magia y sin saber cómo, salió una resplandeciente luz que iluminó la habitación. Ahora era el turno de eliminar las ratas grises de imponentes ojos rojos. Sin percatarse, estaba moviendo su bastón con una cancioncilla extraña, mientras pensaba que las ratas eran perros y sus ojos sólo eran carmesíes por la anterior oscuridad. Odiaba las ratas. Poco a poco, fueron desapareciendo hasta ser perros cocker amistosos.

Caminó hasta el gran pasillo que dejaban los canes y de la nada comenzó a ahogarse. Miró a su alrededor. Se sorprendió al ver que los perros ya no estaban, pero quedó anonadada cuando de las paredes comenzó a escucharse el sonido de agua cayendo. ¿Agua? ¿Estaba soñando? Se pellizcó el hombro. Debió saber que era real. Si no actuaba rápido, moriría. Mientras el agua rápidamente llegaba a su cintura, recordó que al cantar algo las ratas desaparecieron. Intentó hacer lo mismo con el báculo. Era absurdo, pero… ¿y si fuera posible desaparecer el agua?

Camino sin río. Camino sin mar. Camino nebuloso. Camino blanquecino. Aparece a mi caminar. Cuando ese canto sientas, ¡congélate!

Del bastón salieron dos grandes alas que crearon una ventisca contra el agua. De la nada, el agua se convirtió en nieve. Al final no había más trucos y volvió automáticamente al lugar donde Andamius se encontraba.

¡Vaya! dijo mirando sus manos. Has vencido tus miedos. Quizás la caja no se equivocó después de todo al elegirte.

–¡Basta! Yo… yo no he pedido nada.

¿Sigues ingenua? Lo que viviste ahí dentro indica lo contrario. El báculo no funciona con cualquiera.

–Es imposible.

–¡Tonta! Sigues ingenua. Veamos qué harás para vencer esa estúpida inseguridad –se colocó en una pose pensativa y luego chasqueó sus dedos. ¡Lo tengo!

 

Episodio 3. Vence la inseguridad

Apenas Andamius chasqueó los dedos, todo se esfumó. Parecía que Luna sólo hubiera soñado con un gato alado capaz de convertirse en una persona. Cayó en un desmayo. ¿Era realmente eso? Despertó media hora después.

Parecía estar en una habitación oscura, acostada con la ventana estrellada a su espalda. Se incorporó y se dio cuenta de que era su habitación. ¿Había soñado todo eso? No. A un lado de su cama, sobre su escritorio, tenía un gastado y viejo libro, con un mensaje escrito: “No estás soñando, ¿o sí? Averígualo, y sólo así lo sabrás”.

–Sólo es un sueño –dijo. Pero al incorporarse de su cama se hallaba en el aire.

Dentro del libro estaba el báculo.

–Está bien… no tengo miedo. Es sólo un sueño. Si soy lo suficientemente valiente, sabré que no hay miedos y que debo confiar en mí misma.

Con el báculo en mano se incorporó y flotó mientras caminaba. Media hora más tarde, pareció encontrar un sitio seguro donde ya no flotaba. Lo había conseguido. Estaba cerca del ser alado de mirada penetrante y testaruda.

–¿Y bien?

–Tienes razón, debo confiar en mí.

–¿Y?

–No seré la dueña de tu mundo. No sé si realmente esto es un sueño o la realidad en una dimensión alterna, pero sí sé qué quiero: quiero volver a mi mundo y dejar de temerle a todo. Quiero caminar segura y que no me importe el qué dirán. Todo depende de mí, no del resto.

–Lo has conseguido. Está bien, te regresaré al penúltimo día de tu antigua vida. El juicio ha terminado. Pasaste las pruebas, mi lord. Pero si te sientes incapaz de gobernar este lugar, respetaré tu decisión y te daré una nueva oportunidad en tu vida anterior. Pero… si por algún motivo vuelves a caer en la caja, deberás cumplir tu misión. ¿Queda claro?

–Como el agua.

–Bien. Hasta pronto.

El ser alado conjuró unas palabras y esta vez Luna despertó en su cama. Observó alrededor y el suelo. Parecía que nunca se había ido. ¿Y si el sueño lúcido realmente ocurrió?

 

(Tomado de Varios autores, Universos alternos. Relatos de ciencia ficción en español, Factor Literario, Estados Unidos, 2024)

 

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