Natalia Bustamante
Episodio 1: La caja
Silencio. Oscuridad. ¿Qué hace esa extraña chirca dentro de la caja? No es una caja cualquiera que se mueve de un lado a otro. La oscuridad impera dentro de ella. La chica intenta estirar sus pies, pues las rodillas ya le duelen estando curvada. El miedo corroe lentamente en ella.
–Hola,
¿me
escuchan? –una voz procedente de la caja resalta en la habitación de paredes
grisáceas fuera de esa caja–. ¿Me escuchan? ¿Alguien puede oírme?
No hay respuestas; sin embargo, está allí siendo
arrastrada de alguna manera a… ¿un ascensor? No. Es demasiado pequeño el lugar
donde la caja está siendo transportada. La chica intenta estirar sus brazos,
pero se pega contra algo duro, dándose cuenta de que las paredes están hechas
de metal. Intenta levantarse, pero es inútil.
Intenta no
perder el control, recuerda… Se da
cuenta de que no tiene historia, que sus recuerdos probablemente han sido
borrados. ¿Lo fueron?
Intenta al menos recordar su nombre, pero sin éxito.
Sollozos en la oscuridad.
De pronto, la caja dejó de moverse y la persona
dentro de la caja pidió nuevamente ayuda. Nadie
respondía. Se
durmió de manera incómoda dentro de la caja hasta que una
luz
cegadora le despertó. Sólo vio una sombra alada que estaba
sobre
ella. La luz cegadora fue dando
paso a colores y nitidez. Poco
a poco
los colores tomaron fuerza y la
chica
pudo percatarse de que un gato amarillo alado la sacó de
la oscuridad.
–¿Q… Q… Quién eres?
La figura con forma
de
gato no emitió sonido alguno. Intentó hacerlo hablar una y otra vez, pero no hubo respuesta. “¿Estaré
soñando?”. Se culpó a sí misma por intentar hablar con un gato. Lo único que recordaba
era que los gatos no hablaban; sin embargo, éste le miraba con unos grandes ojos
como platos, impresionado de ver una persona dentro de un objeto de inimaginable
valor.
–¡Qué
gato más
raro! ¿De dónde eres? En mi mundo
los gatos no tienen alas.
–¿Quién
dice que soy un gato? Mi nombre es
Andamius,
Dios de la soledad y el fin.
–¿Q…
Q… Quién dijo eso? –preguntó asustada, buscando el lugar del cual
provenía la voz.
–Yo, boba –sentenció el gato alado–.
¿Acaso no me ves?
Por más que intentó buscar el origen de las
palabras, no lo encontró, a pesar de estar frente a sus narices. El ágil gato,
por su parte, abofeteó con sus alas a la chiquilla para que ésta entendiera que
era él quien le hablaba, pero sólo recibió un manotazo de la humana.
–¡TEN CUIDADO!
–¿Quién eres?
–Ya te he dicho quién soy. Soy el Dios de la
soledad. Sentí voces a través de las paredes del edificio y vine, y ¿qué
encontré? Una caja. Una caja con una chiquilla medio ilusa dentro. Hace miles de
años no veía un humano. El último se extinguió
hace ya cincuenta años.
–¿Cómo que los
humanos se extinguieron? –Los
recuerdos comenzaron a volver
de a poco y una lágrima
recorrió
su cara–. Recuerdo
que antes de encontrarme aquí estaba escapando de unos tipos que me vieron sola. Intenté correr, pero al parecer
me alcanzaron. Luego…
–Te diré lo que pasó –tocó con una pata la frente
de la chica y se lo
contó–: los hombres te dieron una droga experimental que te dejó congelada por siglos.
–Aun
así,
no entiendo…
¿Cómo un gato puede hablar?
El gato alado se convirtió de pronto en un hombre de cabello plateado con alas doradas y, enfadado, dibujó en el aire un arco apuntando hacia la desorientada chica de la caja.
–¡¿Cómo
es que
la caja designó a una niña tan boba como tú para que fuera la dueña del nuevo imperio?! Llegó la hora de tu juicio para saber si eres digna de obtener el nuevo imperio.
–¿Juicio? ¿Nuevo imperio? No sé de qué hablas. Tampoco sé cómo caí en esta extraña caja.
–¡Deja
de dar explicaciones sin sentido y prepárate
para tu juicio!
Sin más preámbulo
ni explicaciones, Andamius comenzó el juicio. La chica se sorprendió y casi dio un alarido al ver frente
a ella una luz que la
envolvía
e invitaba a acercarse
para
obtener un báculo. “¿Un báculo? ¿Para qué quiero uno? ¿Quizás será para…? Mientras pensaba, Andamius hablaba.
–Esta noche en que Marte y Saturno se han alineado con la Tierra, se dará comienzo al inicio, que consiste en probar la valentía, carácter, fuerza y coraje necesarios para el líder del nuevo mundo. Aquí tenemos a Luna Firmamento, la chica
que fue
escogida por la caja de la soledad y la oscuridad. La primera prueba consiste en superar el temor.
Andamius dibujó en el
suelo
un círculo que a su vez se convirtió en una espiral que abdujo a Luna –al fin recordó con ayuda
del
ser alado su nombre– a una
nueva habitación.
Episodio 2: Enfrentando tus
temores
–Bienvenida, Luna Firmamento, a la
habitación del pánico –sentenció duramente Andamius–. Puedes ocupar solamente tu
báculo para superar la prueba, claro, si es puedes –una malvada sonrisa se dibujó
en su rostro.
–¿Mi
báculo? ¿Te refieres a
este palito?
–¡Qué graciosa!
Disfruta mientras puedas. ¡LA PRUEBA HA COMENZADO!
Ante
esto, la oscuridad volvió a apoderarse de la habitación. Escuchó el chirriar de
unos pequeños ratoncillos. La oscuridad le daba miedo, le recordaba esos instantes
o tal vez días o meses, ¿quién sabe?, de terror dentro de esa caja. Valiente y decidida
comenzó a idear un plan.
–Se
supone que este palito debe hacer algo para liberarme de este infierno –se dijo
tomando firmemente el báculo. Sin saber cómo, el instrumento en su poder
comenzó a dibujar un círculo de luz mientras por inercia recitaba unas palabras–: la luz de mi
interior, ilumina esta
habitación. Por medio de
mi báculo, la luz se
expande hasta el
exterior. ¡LUZ, VEN!
Por arte de
magia
y sin
saber
cómo, salió una resplandeciente luz que iluminó la habitación. Ahora era el
turno
de eliminar las ratas grises de imponentes ojos rojos. Sin percatarse, estaba moviendo su bastón con una cancioncilla extraña, mientras pensaba que las
ratas
eran perros y sus ojos sólo eran carmesíes por la anterior oscuridad. Odiaba las ratas. Poco a poco, fueron desapareciendo hasta ser perros cocker amistosos.
Caminó hasta el gran pasillo que dejaban los canes y de la nada comenzó a ahogarse. Miró a su alrededor. Se sorprendió al ver que los perros ya no estaban, pero quedó anonadada cuando de las paredes comenzó a escucharse el sonido de agua cayendo. ¿Agua? ¿Estaba soñando? Se pellizcó el hombro. Debió saber que era real. Si no
actuaba
rápido, moriría. Mientras el agua rápidamente llegaba a su
cintura,
recordó que al
cantar algo las ratas desaparecieron. Intentó hacer lo mismo con el báculo. Era absurdo, pero… ¿y si fuera posible desaparecer el agua?
–Camino
sin río. Camino sin mar. Camino nebuloso. Camino blanquecino. Aparece a mi caminar. Cuando ese canto sientas, ¡congélate!
Del bastón salieron dos grandes alas que crearon una ventisca contra el agua.
De la
nada, el agua se convirtió en nieve. Al final no había más trucos y volvió automáticamente
al lugar donde Andamius se encontraba.
–¡Vaya! –dijo mirando sus manos–. Has vencido tus miedos. Quizás la caja no se equivocó después de todo al elegirte.
–¡Basta! Yo… yo
no
he pedido
nada.
–¿Sigues
ingenua?
Lo que viviste ahí dentro indica lo contrario. El báculo no funciona con cualquiera.
–Es imposible.
–¡Tonta! Sigues
ingenua. Veamos qué harás para vencer esa estúpida inseguridad
–se colocó en una
pose
pensativa y luego chasqueó sus dedos–. ¡Lo tengo!
Episodio 3. Vence la inseguridad
Apenas Andamius chasqueó los dedos, todo se esfumó. Parecía que Luna sólo hubiera soñado con un gato alado capaz de convertirse en una persona. Cayó en un desmayo. ¿Era realmente eso? Despertó media hora después.
Parecía estar en una habitación oscura, acostada con la ventana estrellada a su espalda. Se incorporó y se
dio cuenta de que era su habitación. ¿Había soñado todo eso? No. A un lado de su cama,
sobre su escritorio, tenía un gastado y viejo libro, con un mensaje escrito:
“No estás soñando, ¿o sí? Averígualo, y sólo así lo sabrás”.
–Sólo es un sueño –dijo. Pero al incorporarse
de su cama se hallaba en el aire.
Dentro del libro estaba el báculo.
–Está bien… no tengo miedo. Es sólo un sueño.
Si soy lo suficientemente valiente, sabré que no hay miedos y que debo confiar
en mí misma.
Con el báculo en mano se incorporó y flotó
mientras caminaba. Media hora más tarde, pareció encontrar un sitio seguro
donde ya no flotaba. Lo había conseguido. Estaba cerca del ser alado de mirada
penetrante y testaruda.
–¿Y bien?
–Tienes razón, debo confiar en mí.
–¿Y?
–No seré la dueña de tu mundo. No sé si
realmente esto es un sueño o la realidad en una dimensión alterna, pero sí sé
qué quiero: quiero volver a mi mundo y dejar de temerle a todo. Quiero caminar
segura y que no me importe el qué dirán. Todo depende de mí, no del resto.
–Lo has conseguido. Está bien, te
regresaré al penúltimo día de tu antigua vida. El juicio ha terminado. Pasaste
las pruebas, mi lord. Pero si te sientes incapaz de gobernar este lugar, respetaré
tu decisión y te daré una nueva oportunidad en tu vida anterior. Pero… si por
algún motivo vuelves a caer en la caja, deberás cumplir tu misión. ¿Queda claro?
–Como el agua.
–Bien. Hasta pronto.
El ser alado
conjuró unas palabras y esta vez Luna despertó en su cama. Observó alrededor y
el suelo. Parecía
que nunca se había ido. ¿Y si el sueño lúcido realmente ocurrió?
(Tomado de Varios autores, Universos
alternos. Relatos de ciencia ficción en español, Factor Literario, Estados
Unidos, 2024)
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