Martín Gardella
Desde
el principio los tiempos fue tildada de prohibida. El hombre que se animó a
acariciarla por primera vez recibió un duro castigo, aunque fue innegable que
ella lo había seducido. Años más tarde, no tuvo reparos en golpear duramente la
cabeza pensativa de un científico inglés, amparada por una ley hasta allí
desconocida. En un juicio poco claro, la culparon de envenenamiento de una
princesita blanca y de generar discordia entre las hermosas diosas griegas. Fue
condenada a morir de un flechazo, ejecutada en un cantón suizo por un hábil
ballestero. En el pueblo se organizó un brindis para festejar la ejecución. Su
cuerpo frío fue servido en una jarra dorada, con sabor a sidra.
(Tomado
de www.enfrascopequeno.blogspot.com)
No hay comentarios:
Publicar un comentario