Mostrando entradas con la etiqueta José Víctor Martínez Gil (México). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Víctor Martínez Gil (México). Mostrar todas las entradas

martes, 21 de abril de 2026

Bella

José Víctor Martínez Gil

 

Quería estar más bella que nunca. Por eso tejía en su cabellera la trenza más perfecta, más larga y elaborada. Cuando la terminó, observó con detenimiento lo que ella consideraba su obra maestra. Al llegar la noche acudió a verlo. Más guapa que nunca, más radiante que nunca, más entregada que nunca, a pesar de que él no la merecía en absoluto. A la mañana siguiente, ella, delicadamente deshizo su trenza y se marchó. Y a él lo encontraron, ahorcado, sin que pudiera determinarse el arma del crimen.

 

(Tomado de www.talesofmytery.blogspot.com)

 

sábado, 11 de abril de 2026

La ciudad más tranquila del mundo

José Víctor Martínez Gil

 

Esa noche inexplicablemente hubo un apagón. Toda la ciudad y sus alrededores quedaron a oscuras. Ni una sola luz. Era la media noche. Ni siquiera había luna en ese cielo coincidentemente despejado. Era una magnífica oportunidad para rebelarse: los humanos temen a la oscuridad. Y la ciudad estaba harta de ellos. Con cautela, cada edificio abrió cuatro ventanas de su fachada que dibujaban un descomunal y macabro rostro. Los puentes, como serpientes, también abrieron sus ojos. La noche seguía avanzando en total penumbra y con sus habitantes encerrados. Cuando asomaba la claridad del amanecer, a las siete en punto de la mañana, los rascacielos comenzaron a desplegar sus colosales estructuras cuales brazos demoledores. Las iglesias, sus inmensas tenazas. Las antenas, sus enormes aguijones. Los túneles, sus gigantescas fauces. Los estadios y las fábricas movieron sus corazas. Los puentes comenzaron a deslizarse monstruosamente. Las casas como formidables insectos también despertaron. Y todas las construcciones, muy despacio, se desplazaron, con sus habitantes dentro, engulléndolos, triturándolos, aplastándolos sin siquiera darles la oportunidad de algún alarido. Hasta que la ciudad con sus rascacielos, y con sus puentes, iglesias, casas, se sintió desierta, tranquila. O no. Porque al anochecer, llegó de nuevo la luz. Y en las fachadas de todos los edificios se podía ver en las luces encendidas a través de las ventanas, nuevas sonrisas placenteras y perversas, a la espera de que un nuevo grupo de humanos volviera a poblar la ciudad.

 

(Tomado de www.talesofmytery.blogspot.com)