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martes, 9 de diciembre de 2025

Metamorfosis

Ramón Gómez de la Serna

 

No era brusco Gazel, pero decía cosas violentas e inesperadas en el idilio silencioso con Esperanza.

Aquella tarde había trabajado mucho y estaba nervioso, deseoso de decir alguna gran frase que cubriese a su mujer asustándola un poco. Gazel, sin levantar la vista de su trabajo, le dijo de pronto:

–¡Te voy a clavar con un alfiler como a una mariposa!

Esperanza no contestó nada, pero cuando Gazel volvió la cabeza vio cómo por la ventana abierta desaparecía una mariposa que se achicaba a lo lejos, mientras se agrandaba la sombra en el fondo de la habitación.

 

(Tomado de www.ciudadseva.com)

 

viernes, 18 de octubre de 2024

La mano

Ramón Gómez de la Serna

 

El doctor Alejo murió asesinado. Indudablemente murió estrangulado.

Nadie había entrado en la casa, indudablemente nadie, y aunque el doctor dormía, por higiene, con el balcón abierto, era tan alto su piso que no era de suponer que por allí hubiese entrado el asesino.

La policía no encontraba la pista de aquel crimen, y ya iba a abandonar el asunto, cuando la esposa y la criada del muerto acudieron despavoridas a la Jefatura. Saltando de lo alto de un armario había caído sobre la mesa, las había mirado, las había visto, y después había huido por la habitación, una mano solitaria y viva como una araña. Allí la habían dejado encerrada con llave en el cuarto.

Llena de terror, acudió la policía y el juez. Era su deber. Trabajo les costó cazar la mano, pero la cazaron y todos le agarraron un dedo, porque era vigorosa corno si en ella radicase junta toda la fuerza de un hombre fuerte.

¿Qué hacer con ella? ¿Qué luz iba a arrojar sobre el suceso? ¿Cómo sentenciarla? ¿De quién era aquella mano?

Después de una larga pausa, al juez se le ocurrió darle la pluma para que declarase por escrito. La mano entonces escribió: “Soy la mano de Ramiro Ruiz, asesinado vilmente por el doctor en el hospital y destrozado con ensañamiento en la sala de disección. He hecho justicia”.

 

jueves, 30 de noviembre de 2023

Al inventarse el cine

Ramón Gómez de la Serna

 

Al inventarse el cine, las nubes paradas en las fotografías comenzaron a andar.

 

martes, 7 de noviembre de 2023

El xilofonista de los senos

Ramón Gómez de la Serna

 

Aquel hombre de espíritu sutil y preocupado siempre se había interesado por encontrar en los senos el tono musical, la polifonía. “La tienen –pensaba él–, la deben tener”.

“Cada seno tiene su matiz musical. Lo único que hay que hacer es encontrarlo”, seguía pensando él.

En las estancias reservadas se quedaban impresionadas las mujeres cuando del bolsillo interior de su levita sacaba un macillo y daba unos golpecitos en los senos. Se parecía al dentista cuando da unos golpes con el pequeño martillo en la dentadura del paciente o al médico cuando ausculta o reconoce por un procedimiento nuevo.

“Lo que hay que perfeccionar es el macillo… Los senos tienen su nota perfecta pero es muy difícil de sacársela… Lo que hay que perfeccionar es el macillo…”

Y perfeccionó el macillo y gracias a eso un día pudo reunir las más deliciosas notas, en un conjunto ideal.

Ponía en fila sus mujeres de senos distintos, los senos agudos, chillones, frívolos, respingones como los cuernos del cabritillo, hasta los senos opulentos, caídos, graves, que daban la nota honda; unas veces era inútil el derecho o el izquierdo, porque daban una nota extraña en la escala de la colocación de las mujeres. El macillo se libraba muy mucho de tocar ese seno átono.

Resultaba fantástica la figura del grande y extraordinario xilofonista frente a los senos sumisos, que se le ofrecían con un aguante sincero, como si fuese el corazón el que daba las notas entrañables de su música. A veces, cuando la pieza musical era larga y violenta, se dibujaba cierto dolor en la del seno más atacado, ese seno izquierdo o derecho que tenía la nota culminante y repetida en la partitura.

 

jueves, 9 de junio de 2022

El fanático de Dios

Ramón Gómez de la Serna

 

Leía todas las oraciones de todas las biblias, de todos los libros sagrados, rezaba a todos los dioses y era zoólatra, idólatra, politeísta y monoteísta… Todo el día lo dedicaba a todos los cultos.

Y murió, y al entrar en el reino de las sombras se encontró con un Dios que no estaba citado en ninguna de sus teogonías, un Dios extraño y callado que le cogió y le amasó en la masa común, otra vez en el barro común.

 

jueves, 2 de junio de 2022

El desterrado

Ramón Gómez de la Serna

 

¿A qué le podían condenar después de todo? A destierro. Valiente cosa. Cumpliría la pena alegremente en un país extranjero en que viviría una nueva vida y recordaría con un largo placer su ciudad y su vida pasada.

En efecto, la sentencia fue el destierro. ¡Pero qué destierro! El tribunal, amigo de aquel hombre autoritario y de inmenso poder a quien él había insultado, queriendo venderle el favor, y ya que no podía sentenciarle a muerte, le desterró a más kilómetros que los que tiene el mundo recorrido en redondo, aunque se encoja, para alargar más la medida, el diámetro que pasa por las más altas montañas. ¿Qué quería hacer con él el tribunal, sentenciándole a un destierro que no podía cumplir?

¡Ah! El tribunal, para agasajar al poderoso ofendido, había encontrado la fórmula de castigarle a muerte por un delito que no podía merecer esa pena de ningún modo. Había encontrado la manera de ahorcar a aquel hombre, porque no habiendo extensión bastante a lo largo de este mundo para que cumpliese el sentenciado su destierro, habría que enviarle al otro para que ganase distancia.

Y le ahorcaron.

 

lunes, 23 de mayo de 2022

El burro zancón

Ramón Gómez de la Serna

 

Recuerdo mi entrada buscando algo en un corral, ya tarde, cuando había oscurecido, en aquel pueblo de Castilla.

Había pisado las piedras puntiagudas, los morrillos puntiagudos, que son los que más sensación de la realidad me han dado en la realidad, y fui a aquella casa a buscar a Lucio, un criado patudo, al que le salía perilla de chivo por toda la sotabarba.

–Espera un poco que eche de comer a los animales… Es su hora…

El burro gris, zancudo, de Lucio estaba sentado como después he visto que Goya pintó sentados a los burros, y a la luz del farol vi que escribía… ¿Qué escribía?… Me acerqué y vi que escribía: El Quijote. Tercera parte…

Eso es lo que yo recuerdo confusamente, apareciéndoseme aquel corral a esa hora, en que las bestias son personas porque la fuerza de la realidad permite una cosa así… Sospecho que aquella tercera parte del Quijote debía estar bien de realidad, además de escrita en el mejor y más puro de los castellanos, en el castellano del rebuzno, que es el más denso y sesudo.

 

domingo, 15 de mayo de 2022

Dos en un auto

Ramón Gómez de la Serna

 

Dos en un auto: idilio. Tres: adulterio. Cuatro: secuestro. Cinco: crimen. Seis: tiroteo con la policía.

 

viernes, 6 de mayo de 2022

Diez millones de automóviles

Ramón Gómez de la Serna

 

El orgullo de la gran ciudad se había cumplido por fin. Ya tenía diez millones de automóviles.

Casi nadie pasaba por las calles y las aceras se habían suprimido. A lo más en algunas vías de la ciudad habían dejado una especie de alero para peatones desgraciados.

Pero aquella tarde de un domingo estival, caracterizado por una atmósfera pesada, los gases de los diez millones de automóviles intoxicaron toda la ciudad y los turistas que llegaron en la madrugada se encontraron con el triste espectáculo de todos los habitantes raseros de las calzadas, caídos en los sofás de sus coches, catalepsiados para siempre por la asfixia.

 

miércoles, 20 de abril de 2022

lunes, 4 de abril de 2022

Brujería del gato

Ramón Gómez de la Serna

 

Por complicidad con la bruja había sido enjaulado el gato.

Los inquisidores sospechaban que podía haber diablo escondido bajo la piel del gato y fue sentenciado a arder en pira aparte, porque podía haber pecado de bestialidad al quemar en la misma hoguera persona humana y animal.

Bien maniatado con cadenas, el gato brujesco produjo un repeluzno de escalofrío entre los asistentes al auto de fe. Había algo de caza luciferiana en la presencia del gato.

La leña de la propiciación comenzó a arder y durante un largo rato se oyeron maullidos infernales, hasta que al final, ya consumida la fogata, se vieron sobre las cenizas dos ascuas que no se apagaban, los dos ojos fosforescentes del gato.

 

martes, 29 de marzo de 2022

Aquella muerta

Ramón Gómez de la Serna

 

Aquella muerta me dijo:

–¿No me conoces?… Pues me debías conocer… Has besado mi pelo en la trenza postiza de la otra.