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viernes, 31 de mayo de 2024

Un comienzo

Manuel Capetillo

 

Yérguese la adolorida tierra. En la sangre derramada inútilmente se hunde la sangre, hallándose ahí a la sangre, derramada como alimento de la vida. Se mezcla la obscuridad con la luz. Aún quedan confundidos el trigo y la cizaña. Es tan sólo imaginación paradisiaca la montaña imaginada por Caín, donde son corona de penumbra las infinitamente distantes figuras de los padres del mundo original. Se escucha todavía el primer llanto de la parturienta, cuando Adán y Eva se dirigen al valle obscuro del abismo.

De la descensión celeste se precipita la lluvia de rocío blanco sólido de luz. La roca brota aguas caudalosas en los desiertos, y esa agua en odres de vino se contiene en los caseríos nocturnos. Se vive en fiesta, no obstante la consecuencia provocada por el engaño. La muerte triunfa, pero más que nada ronda inútilmente, asustada de sus particulares temores.

 

miércoles, 29 de mayo de 2024

Tiempo de reflexión

Manuel Capetillo

 

Fue por los pasillos obscuros de esa concavidad, en la que él provisionalmente vivía. Tomó con la mano derecha una curvatura desconocida y sensible, persistiendo mientras una exclamación, ahogada por el intolerable dolor que alguien sentía en torno suyo, temblorosa esa mano, y así también su cuerpo, enteramente. La cabeza flotaba, modificando su forma, y el delgadísimo conjunto de huesos, y de nervios y músculos, siendo cada parte, sobre todo, agua, y también flotaba el agua misma y sola que lo constituía, todo él flotando en ese mar estrecho y abundoso que semejaba una abultada gota de líquido, dentro de la cual supo crecer y estirarse largamente, cuanto pudo. Volvió a mirar, tras esa sensación, y en su mano estaba una cierta materia, similar a la carnosidad espumosa de las esponjas marinas, ni de metal ni de madera ni de nada, excepto de carnosidad humana confundida, que más se confundía, eso sí, con la puerta cerrada que se abría a la luz. Se detuvo dentro, y él mismo clausuró la abertura momentáneamente, deslizándose a la comodidad obscura, a fin de reflexionar con sensatez antes de tomar decisiones respecto a las que, más tarde, debiera arrepentirse.

 

domingo, 26 de mayo de 2024

Reunión

Manuel Capetillo

 

En orden el sitio. Mesa y platos, limpios. Aún podría venir. Durante la madrugada, aguardando, me entregué al sueño. La lluvia cesó, si acaso, cuando me encontré despierto. Mis manos recorrieron la longitud de su cabellera, enredada entre los árboles. Presentí que su boca huía de mi boca, ella adentrándose, llevando consigo al bosque en la obscuridad de la selva y la tormenta. Más lejos, invisible para mí, adivinado, un resplandor. Me detuve, a sabiendas de que, en mis manos, y entre mis dedos alargados, algo hubo. Me acomodé en la mesa inexistente con intención de conversar. Decidí al fin encaminarme al sitio de la espera. Imaginé que allá, en la distancia, la noche me aguardaba. Luego aceleré mi prisa detenida, incesante.