Alexandra David-Neel
A orillas de un río, un monje tibetano
se encontró con un pescador que cocía en una marmita una sopa de pescados. El monje, sin decir palabra, se bebió la marmita de sopa
hirviendo.
El pescador le reprochó su glotonería. El monje entró en el agua y orinó: salieron
los peces que había comido y se fueron nadando.
(Tomado
de www.elcuentorevistadeimaginacion.org)
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