Ricardo Bugarín
Guillermina
de Orange y Fermina del Ciruelo hastiadas de conversaciones de salón decidieron
extender las fronteras y enviaron comunicados a los más diversos reinos. Las
respuestas no se dejaron esperar. De diversas regiones comenzaron a llegar
delegaciones portadoras de propuestas. Cada postulante, a la noble usanza, hizo
llegar su iluminado retrato. Los hubo de muy diversas confecciones pero todos
respetaron las indicaciones de ser tamaño natural. Los más osados agregaron
presentes personales como fue el caso de arcones portadores de mechones de
cabellos, manitos de nácar, prendas íntimas abundantes de lazos y hasta se
recibió un lunar extirpado.
Seis meses duró la exposición de retratos
en las salas dispuestas para la evaluación. Guillermina y Fermina pasábanse las
tardes en inquisitorios conciliábulos colocando cada propuesta bajo las más
variadas luces examinadoras. Seis meses intensos llevó la regia decisión.
Las propuestas eran interesantes pero el
futuro se preveía aburrido. Se reunió a los más aptos de los artistas del reino
y se confeccionaron copias manuables de cada postulante. Cerrada la decisión,
todos los retratos fueron arrumbados en el caserón anexo al palacio y las
copias manuables se convirtieron en barajas.
Guillermina de Orange y Fermina del
Ciruelo pasan las tardes en entretenidas mesas de juego.
(Tomado
de www.leamoscuentosycronicas.blogspot.com)