Jordi Cebrián
Los últimos habitantes marcan las paredes con
figuras de dioses sanguinarios, para ahuyentar a las fieras de metal; queman
las casas vacías, para que no las habiten monstruos; y se reúnen junto al
fuego, para cantar historias de cuando existía la ciudad, en otra era, antes de
que excavadoras arrasaran hogares, iglesias y prostíbulos, y alzaran en su
lugar locales de diseño. Acorralados, algunos resistieron ocultos en túneles y
bóvedas, y por las noches atacaban a los guardianes y derruían lo edificado
durante el día, hasta que nadie más quiso construir allí, temerosos de
cuchillos y hachas, y crueles divinidades.
(Tomado de www.cienpalabras.blogspot.com)
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