domingo, 23 de agosto de 2026

Mariposa de barrio

Dahlia de la Cerda

 

Yandel me terminó por WhatsApp y lo primero que hice fue apretar el cora’ partido que traigo en el pecho. Es la mitad de un corazón que tiene grabado “Yandel”; él trae la otra mitad que dice “Stefi”. En cinco años que llevamos de novios era la décima vez que me mandaba a la verga. Me cortaba cada que conocía a otra. Lo dejé en visto porque no podía escribir y agarrarme del pasamanos del autobús al mismo tiempo. Iba en la ruta 9 y eran las nueve de la noche. Me acababa de subir y venía bien atascado de todas las morras que trabajamos en las zapaterías del mercado.

Entré a su Facebook y ya había cambiado su nombre. Antes se llamaba “Yandel Esposo de Stefi” y ahora era Yandel de la Befe”. La Befe es su barrio. Nunca había hecho eso, siempre que terminábamos, él seguía siendo “Esposo de Stefi”, y las otras, sus queridas. Pinches perras. Perdón, mija, pero me cagan las viejas que andan con casados o juntados; habiendo tanto vato sin novia, ahí van con el de una y luego hasta andan de culeras. La Angie me tiraba indirectas en su Facebook. Yo la ignoraba porque estaba panzona y me daba miedo que se me fuera a venir el bebé. Me alivié y me las pagó. Que me la encuentro en la fila de las tortillas, que me hago un chongo y que la agarro de las greñas; le puse una putiza bien puesta. “Conmigo no se ande metiendo”, le grité. La Bertha subió una foto con él y la frase: “Tú le lavas la ropa pero yo se la quito”; no me aguanté las ganas y le comenté: “Perro es perro y donde le sirvan come”. Esa vez tenía tres meses de embarazo y me agüité un chingo, ya era mucha humillación. Puse en una publicación que iba a abortar y llegó Yandel a decir que, si no lo quería, que se lo diera; mi suegra le dio “me encanta” a su comentario, vieja metiche, y mi mamá salió con su “No necesitas un hombre, el bebé va a tener mucha madre, no vengas con pendejadas”, “Usted no se meta jefa, este pedo es de los dos”, “Es mi pedo porque tienes trece años y porque vives en mi casa mocosa idiota”.

Cuando estaba en la cuarentena, Yandel iba a diario a llevarme leche y pañales; como soy menor mi mamá no me dejó irme a vivir con él. Pero, en el tiempo que anduvo con la Perla, duró una semana sin pararse y la culera me envió un WhatsApp con una foto juntos: estaban los dos acostados sin ropa en una cama mugrienta, acababan de echar pata. Me dijo: “Aquí te lo entretengo socia”. Yo estaba recién parida y no tenía ganas de pelear. Nomás le mandé la canción de “Ser mujer”, de los Chicos del Bario y la bloqueé. A esa no le rompí su madre porque un día me vio con mi pequeño en el autobús me pidió perdón, nos pusimos a llorar juntas, nos abrazamos y luego hasta nos fuimos a un baile de los Chicos del Barrio y cantamos la canción que le dediqué y nos reímos un chingo.

Iskender cumplió el año y Yandel se fue pa’l gabacho con su papá; allá duró un año y medio. Año y medio en que jamás se reportó con dinero ni con una méndiga llamada; la verdad lo di por muerto. Total, que en una fiesta de perreo conocí a Kevin y, entre que “baila, morena” y es “noche de sexo, voy a devorarte, nena linda, salí panzona de nuevo. Fíjate que esa vez fue diferente. Con el Iskender desde que oí su corazón sentí bien bonito, y por esta niña, no. Yo me la quería sacar y Kevin me pidió que la pariera y él se la quedaba. El mismo día que la tuve se la llevó y jamás volví a saber de ella. De repente la miro de lejos cuando su abuela la trae cargando en el mercado; me hago güey porque no siento nada de cariño. Es como si fuera una extraña, ni parece que salió de mí. Eso del instinto maternal es puro verbo.

Bueno, resulta que estaba platicando con mi papá, que vive en otra casa con su otra familia, y de repente me entró un mensaje de Yandel, era una canción de Pequeños Musical, la de Mujer infiel. “No mames pinche Yandel. Pensé que te habías muerto y el muerto al pozo y el rico al gozo”. Y que se encabrona y me salió con que ya se iba a regresar y ¡sí volvió! Alguien le fue con el chisme de que andaba panzona. Yo le inventé que la niña había nacido muerta para que no me juzgara de mala madre y hasta lo llevé a una tumba falsa igual que el señor de la canción de Los Tigres del Norte.

Te puedo hacer un recuento de las veces que me puso el cuerno y que estando embarazada me llegaba chupeteado; de cuando me rompí la jeta con otras morras por defender mi lugar porque me humillaban mandándome fotos de él besándose con ellas y videos de él bailando cumbias muy contento mientras yo chambeaba doce horas para comprarle la leche y los pañales a mi pequeño, pero las caguamas se ponen tibias y ya no saben buenas. No me hizo muchas, ¡me hizo todas!, y yo aguantaba para que Iskender creciera con su papá porque quería para él la familia que nunca tuve. Al final las otras siempre eran deslices y la catedral seguía siendo yo. Hasta hoy.

Se desocupó un lugar en el autobús y en chinga me senté. “Yandel si no pretendías nada serio conmigo, me aigas avisado desde el principio. No te cientas amarrado por Iskender. A el nunka le ha faltado nada, para eso yo estoy en la zapatería. No es justo que me traigas de a tú pendeja y andes con Juana y María. Si quieres aquí la dejamos, ahora sí ya estubo” y le mandé la canción de “Tengo que colgar” de la Arrolladora, que iba sonando en el radio. Me dejó en visto aunque seguía en línea.

Pinche Yandel. Me dio un chingo de sentimiento y me puse a llorar. El locutor dijo que iba a rifar unos boletos para el concierto de una chica trans que imita a Jenni Rivera. Estaba bien fácil: a las primeras cinco muchachas que enviaran un mensaje con su canción favorita de Jenni y la razón por la que merecían ir, ganaban. No, pos que pa’pronto mandé: ‘Basta ya’ y quiero ir porque el papá de mi hijo me acaba de dejar”. Yandel estaba en línea y seguía sin contestarme.

Cambió su foto de perfil. Él con una morra que la neta yo no topaba. Lloré más. “Te pasas de verga culero. Vengo de jalar 12 horas cargando cajas para comprarle zapatos al niño y tú de galán pinche perro. Te odio culero. Vete a la verga. Visto. “Ojalá seas feliz aunque no sea conmigo, eres el papá de mi hijo y no te puedo desear mal”. Visto. “Estoy harta de ser siempre tu segunda opción, es mi culpa por aguantarte hasta lo que no idiota”. Visto. Publicó en el estado “muy enamorado” y la foto de la vieja. “Yandel no me chingues perro, yo te fui haber ahora que te metieron al tutelar por picar al Chato, no me meresco esto”. Visto. “Ya no te voy a molestar Yandel ni yo ni Iskender te necesitamos. Y le envié “Tu postura”, de la Banda MS.

Me acordé de los buenos momentos; habiendo tantos malos recuerdos solo podía recordar los buenos: fue un papá responsable por seis meses para que yo terminara la secu y me llevaba leche y pañales, nos íbamos al baile de la Raza y tirábamos cumbia hasta la madrugada con las rolas de Los Vatos de La Calle. Pensé también en mis errores, en eso de que nomás me enojaba con él y subía fotos en poses sexy con frases como “las cabronas no ocupamos un cabrón”, “mi hijo no necesita a su padre porque para eso tiene mucha madre”; me acordé de que les daba cuerda a otros vatos para ponerle sus picones o de que le tiraba indirectas o de que me ponía peda con mi jefa y le mandaba audios reclamándole que no valía verga como padre ni como novio. Supongo que quería buscar un pretexto para culparme de su ojetez y perdonarlo si regresaba. Estaba a lágrima, moco y baba cuando el locutor anunció a las ganadoras; dijo mi nombre. N’ombre, me emocioné un chingo.

Me bajé del camión a las 10:05 de la noche, corrí a mi casa y subí los cinco pisos del edificio en chinga. Entré y mi mamá me pidió que me callara porque Iskender estaba dormido, pero mi bendi preciosa siempre se despierta para verme. Mi mamá es la que lo está criando y por eso a veces me siento mala madre. Desde los catorce trabajo en la zapatería, entro a las diez de la mañana y salgo hasta las ocho y media; casi no estoy con él. Ojalá de grande agarre el pedo y entienda que lo hice para comprarle sus tenis Jordan y Nike y para traerlo bien guapo y con su refrigerador lleno de Danoninos; ves que luego los hijos somos bien malagradecidos. Cargué a Iskender y lo llevé a acostar; le di besitos en la frente, lo cobijé: “Duérmete, mañana que descanse vamos al cine. “Sí, mami”. Y le cerré la puerta de nuestro cuarto.

“Amá, me gané un boleto para ver a la Jenni en jota, me gané un boleto doble. Ándele, déjeme ir que el Yandel me acaba de cortar”. “¿Y qué?, ya te vas a ir de luchona, cabrona. Pinche ardida, buena habrías de ser para ya mandarlo a la chingada, puras fallas con ese mocoso”. “Le juro que ya lo dejo”. “Está bien. Nomás no te vayas a desbalagar porque ya te conozco”. “Sí, amá, mañana voy a ir al cine con el niño”. “¿Y a quién te vas a llevar?”. “A la Carmen, amá. La que era mi compañera en la zapatería”. “¿La güerita que salió en las noticias porque la mandó al hospital su esposo de una putiza?”.Sí, ella. Lo demandó y va a pasar cinco años guardado en el penal. “Mira, apréndele, eso es ser chingona. Arréglate rápido, pinche luchona”. “Cállese que le voy a dar cien más de lo de la semana”.

Me vi con Carmen afuera del Palenque. Nos abrazamos y entramos al concierto. Chillé apretando el colguije de mi pecho con una mano y la mano de Carmen con la otra. Jenni cantó “Basta ya” y me quedé sin voz de tanto gritar. Jenni también secó sus lágrimas; sabe qué pena estaría cruzando. Nos alentó a siempre levantarnos y a darle puro para adelante y cerró con “Mariposa de barrio”. Salimos del Palenque, acompañé a Carmen con un cliente que la estaba esperando en la esquina y tomé un taxi. Lloré mucho en el taxi de regreso a mi cantón. Traía un chingo de sentimiento y trataba de mantenerme fuerte por mi pequeño. El taxista bien metiche, pero, chulada. Me dice: “Mija, vienes del concierto de la Jenni y ya estás sufriendo por un cabrón. A la Jenni del Cielo no le gustaría mirarte así”. “Tiene razón, a mi Jenni no le gustaría verme así”. Me quité el corazón partido, lo tiré por la ventana y saqué mi labial. Jornada para pintarme los labios de rojo y “aunque venía llorando, mis alas levanté”.

 

(Tomado de Cerda, Dahlia de la, Perras de reserva, Narrativa Sexto Piso, México, 2024)

 

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