Voltaire
Un pequeño monje estaba tan acostumbrado a
hacer milagros que el prior le prohibió ejercer su talento. El pequeño monje
obedeció; pero al ver que un pobre albañil se caía de lo alto de un tejado,
dudó entre el deseo de salvarle la vida y la santa obediencia. Mandó al albañil
que se quedara en el aire hasta nueva orden, y corrió velozmente a contar a su
prior el estado de la situación. El prior le perdonó el pecado que había
cometido al comenzar un milagro sin su permiso, pero le permitió acabarlo con
tal de que aquello no continuara y no volviera a repetirse.
(Tomado
de www.ciudadseva.com)
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