Jordi Cebrián
El viernes nos aboca al fin de semana, y toma
de él su energía y su esperanza. Es un día de trámite, en el que los jefes de
estado no se llaman más que para intercambiarse teléfonos o hablar de
trivialidades. Los viernes, además, se suele dormir poco, pese al cansancio
acumulado. Hay ciudades que prohíben totalmente que se duerma los viernes, y la
policía municipal persigue muy en serio a los incívicos que se sientan en los
bancos a dar cabezadas, y los ayuntamientos se encargan de que los vecinos, en
sus casas, tampoco puedan dormir, pues es viernes.
(Tomado de www.cienpalabras.blogspot.com)
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