Enrique Anderson Imbert
Etelvina y Luis van a casarse. En vísperas de la boda, Luis muere.
Etelvina se resigna porque confía en que volverán a encontrarse en el Cielo.
Pasan los años y ella espera, espera… espera que Dios la llame. Ahora es una
viejita. Está atravesando la plaza de su barrio. De pronto –en el crepúsculo
tocan las campanas del ángelus– ve entre los árboles a Luis, que se acerca a
paso lento. (No es Luis: es un joven de la vecindad muy parecido al recuerdo
que Etelvina conserva de Luis). Etelvina ve al joven Luis y está segura de que
él, a su vez, la ve a ella también joven. “Esta plaza, piensa, aunque se parece
mucho a la del barrio, tiene que ser una plaza del Paraíso”. Y sin duda allí
van a reunirse porque, por fin ¡qué felicidad! ella acaba de morir. El grito de
un pájaro la resucita, vieja otra vez.
(Tomado
de www.ciudadseva.com)
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