Jordi Cebrián
Abro
la puerta y los muertos están allí, esperándome. Uno a uno les dibujo en la
frente el signo que aprendí hace tiempo, cuando los continentes tenían otras
formas. Les doy órdenes, observo sus miradas vacías y sus colmillos
amenazadores. Finalmente les enseño la fotografía. Salen fuera, a la oscuridad.
Sé que no es bonito, ni caballeroso, ni acorde con los días que hemos
disfrutado, pero la vida no es justa, ni la muerte. Habría sin duda mejores
maneras de dejarlo, pero al fin y al cabo tú tampoco eres humana. Miro la foto
y sé que te encontrarán, querida.
(Tomado de www.cienpalabras.blogspot.com)
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