Luis Britto García
Un libro que después de una sacudida confundió
todas sus palabras sin que hubiera manera de volverlas a poner en orden.
Un libro cuyo
título por pecar de completo comprendía todo el contenido del libro.
Un libro con un
tan extenso índice que a su vez éste necesitaba otro índice y a su vez éste
otro índice y así sucesivamente.
Un libro que
leía los rostros de quienes pasaban sus páginas.
Un libro que
contenía uno tras otro todos los pensamientos de un hombre y que para ser leído
requería la vida íntegra de un hombre.
Un libro
destinado a explicar otro libro destinado a explicar otro libro que a su vez
explica al primero.
Un libro que
resume un millar de libros y que da lugar a un millar de libros que lo
desarrollan.
Un libro que
refuta a otro libro en el cual se demuestra la validez del primero.
Un libro que da
una tal impresión de realidad que cuando volvemos a la realidad nos da la
impresión de que leemos un libro.
Un libro en el
cual solo tiene validez la décima palabra de la página
setecientos y todas las restantes han sido escritas para esconder la validez de
aquélla.
Un libro cuyo
protagonista escribe un libro cuyo protagonista escribe un libro cuyo
protagonista escribe un libro.
Un libro,
dedicado a demostrar la inutilidad de escribir libros.
(Tomado
de www.gastronomialiteraria.blogspot.com)
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