Jordi Cebrián
Como ya nadie compraba
ni vendía acciones, diseñaron un programa que diera cada día las cotizaciones
de forma aleatoria. Así, a veces los valores subían o bajaban siempre de manera
inexplicable, es decir, como antes. Algunos años más tarde, con el público
acostumbrado al simulador, alguien se atrevió por fin a gastarse 12 euros de su
propio bolsillo para comprar acciones, y tal inyección de liquidez despertó
entre los especuladores una euforia incontrolable. Empezaron a emerger fortunas
insospechadas desde las Islas Caimán y lugares parecidos. Y tantas acciones se
compraron que pudieron desactivar el programa, aunque guardaron copia de
seguridad.
(Tomado de www.cienpalabras.blogspot.com)
No hay comentarios:
Publicar un comentario